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Ferrera News

Miércoles, 08 de junio de 2005

El hombre pagó su egoísmo con la enfermedad de las ´vacas locas´

«Las ayudas a los pastos son una forma de conservar el paisaje; Asturias sería muy diferente sin sus prados»


Juan Piñeiro Andión, jefe del departamento de pastos y cultivos del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo, en La Coruña, estuvo esta semana en Asturias para participar en las jornadas sobre pastos organizadas por el Serida. Piñeiro también es presidente de la Federación Europea de Pastos, que en 2006 celebrará su reunión bienal en España.

-Da la impresión de que los pastos han ido perdiendo terreno a favor de otras formas de alimentación del ganado.
-Los pastos son fundamentales para que la nutrición de los animales hervíboros tenga las características adecuadas. Ellos son capaces de transformar esos alimentos en energía para producir. Los pastos en las ganaderías son imprescindibles. Es una desgracia que al animal se le conecte a la comida en el establo, olvidando su forma natural de nutrirse. Nuestra asociación lucha para que esto no sea así. La alimentación con base en los pastos también incide en un mayor grado de bienestar animal.

Oviedo, M. J. I.

-¿La crisis de las «vacas locas» marcó un antes y un después en el tipo de alimentación que se da a las reses?
-La enfermedad de las «vacas locas» fue un accidente en el que el hombre pagó su egoísmo. Algunos quisieron que valiera todo, pero no todo es válido. Se les dio a los animales a comer su propia carne. La naturaleza, que es sabia, acabó rebelándose.
-La Unión Europea concede ayudas por la conservación de los pastos. ¿Es una forma de evitar su desaparición?
-Desde luego, es una forma de conservar los paisajes. Asturias sería muy diferente sin sus pastizales. Las ayudas para evitar la desaparición de los prados que establece la reforma de la política agraria comunitaria ponen el énfasis en la utilización de recursos forrajeros, insistiendo en que el ganado debe criarse al aire libre, sin tanta estabulación. En esto tampoco hay que ser demasiado fundamentalista, pero es necesario que el animal produzca de un modo natural.
-¿Los animales están peor alimentados desde que toman piensos?
-Sería mucho decir. Sin lugar a dudas, se está exigiendo mucho a los animales. Se busca una carga genética orientada a producir más y más. Tenemos buenos ejemplos en la ganadería de leche. Para atender esas necesidades el animal tiene que meter mucha energía concentrada en su cuerpo; es una especie de factoría. Todo eso conlleva forzar a la naturaleza; debe establecerse un límite.
-¿Dónde puede estar ese límite?
-Va a determinarlo la propia naturaleza. Por fortuna, las políticas europeas tratan ahora de reconducir la situación con ayudas que fomentan el mantenimiento de hectáreas de pastos. Me parece bien que el agricultor que mantiene el medio rural tenga ayudas. Para eso realiza un esfuerzo considerable.
-¿Lo que ustedes consideran pastos se circunscriben a las praderas?
-No siempre. En las zonas de alta montaña hay pastos que no son praderas, de los que se alimentan las ovejas e incluso vacas de carne como la asturiana de la montaña.
-¿Cómo definiría la calidad de los pastos asturianos?
-Son muy buenos. Asturias tiene un ambiente ideal para pastos, igual que toda la cornisa cantábrica, aunque hay escasez en invierno y verano. El prado no es un sistema de equilibrio natural; necesita del hombre y de los animales para mantenerse. La hierba existe porque las vacas se la comen.

LNE# 933
8-06-2005

Por: Ferrera | Ganaderia | Comentarios (0) | Referencias (0)

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