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Ferrera News

Domingo, 03 de abril de 2005

Escuelines en reconversión

NORBERTO MARTÍN MAESTRO RURAL
«La educación en las ciudades es cuasi militar» Escuelines en reconversión

En el Occidente de Asturias hay, al menos , 87 colegios cerrados; la mayoría presenta un estado de total abandono El éxodo de población ha vaciado muchos pueblos, que intentan remontar con pequeñas iniciativas empresariales
A. VENTURA A. VENTURA / J. M. AZCÁRATE/PAREDES (VALDÉS)

VALDÉS / BOAL CANGAS DEL NARCEA



Para el gijonés Norberto Martín, el desembarco en la escuela rural fue como la 'mili', una etapa que había que superar para ejercer en la ciudad. Consiguió plaza en Candás, tras hacer méritos en Cangas del Narcea. Pero la consejería suprimió su puesto y volvió a itinerar. Esta vez llegó a Muñás (Valdés) y se enamoró del pueblo y del propio concepto de la escuela rural. A sus 53 años, acumula 18 en 'les escuelines'. Quiere jubilarse en Muñás, aunque no tiene claro que el aula aguante muchos años más.

-La mayoría de los maestros huyen de destinos como el suyo, ¿por qué no quiere volver a Gijón?

-Me gusta la escuela de pueblo porque se produce una manera más natural de educar a los críos, todos mezclados. En esta sociedad no vivimos agrupados por edades ni conocimientos. Somos vecinos, amigos, compañeros de trabajo. Además, la escuela rural también me ha permitido conocer a grupos de trabajo de determinadas corrientes pedagógicas y comprender que hay otras formas de entender la enseñanza, distintas al sistema cuasi militar de las ciudades. Digamos que soy un 'tábano cojonero', muy reivindicativo de la escuela rural.

-Dice que quiere jubilarse en Muñás, pero no parece fácil.

-Lo triste es que es muy difícil. En los pueblos del interior, la baja de población es aplastante. No sólo las escuelas rurales perdemos críos y crías: los colegios comarcales están sobreviviendo a la situación, como nosotros. El problema es muy grave y los políticos no deberían frivolizar con lo que está pasando en el mundo rural de Asturias, en especial, en el Occidente interior.


COMPROMISO. Norberto posa frente al aula de Paredes, una de las muchas que ha visto cerrar en sus 25 años de maestro. / L. S.


-¿Cuántas escuelas han 'fallecido' ante sus ojos?

-El Centro Rural Agrupado de Valdés llegó a tener 11 escuelas abiertas. Actualmente, hay cuatro. En Moal (Cangas del Narcea), donde yo empecé, deben quedar cuatro o cinco nenos. Yo dí clase a 19 guajes de tres a siete años.

Cambio económico

-¿Por qué se produce esta sangría demográfica?

-Fundamentalmente, porque hay un gran desarraigo de la población juvenil. La mayoría de los matrimonios jóvenes no tienen forma de organizar sus recursos económicos en los pueblos. Las explotaciones de ganadería mixta no dan para mantener a una familia en condiciones. Ahora se prima la reorientación hacia grandes explotaciones lecheras, pero no todos han superado con éxito esa reconversión, que provocó que muchas familias abandonasen la actividad.

-¿Qué pasa con los edificios que se quedan vacíos?

-Las escuelas son un patrimonio cultural y un recurso público, pero en la mayoría de los sitios se las deja caer en el más absoluto abandono, salvo excepciones como Valdés. El relanzamiento de la economía rural debería incluir la recuperación de este patrimonio para ofertar servicios de proximidad. Hay un montón de fondos europeos, no se puede decir que no hay dinero.

-¿Comparte la idea de que el despoblamiento de la zona rural es un producto de la modernidad, como ha señalado algún político?

-Eso es una cretinez, con perdón. Si se entiende como modernidad que la población emigre por culpa de la Política Agraria Comunitaria, que lo digan. Europa nos dicta una política de grandes concentraciones de producciones lecheras en muy poco número, en una economía rural que se basaba la existencia de un montón de pequeñas explotaciones familiares. Si esa política continúa, el éxodo es imparable. Hay que evitar que la gente emigre a través de otro tipo de iniciativas.

-¿Por ejemplo?

-Se está demostrando que el turismo rural es un 'bluf'. Esi tetu ya no da tanta leche. Hay oportunidades en la transformación agrarioalimentaria y en la promoción de nuestras tradiciones. Pero que les pregunten a los políticos el respeto que tienen por nuestra cultura y por nuestra lengua.

-La consejería, ¿culpable o inocente?

-La consejería no tiene la culpa de que se estén despoblando las escuelas, pero sí es responsable de la falta de criterios. No sabe lo que hacer con la escuela rural. Invierten muchos recursos, pero no tienen un modelo. Para ellos, 'les escuelines' son un residuo, las conservan para que no se les echen encima los padres. Son las dos de la tarde y en 'les caleyes' de Paredes no hay ni un alma. La 'escuelina' cerró en 2002, un curso después de que el pueblo, ubicado en un precioso paraje del valle del Ese, recibiese el Premio Príncipe de Asturias. El aula feneció porque en junio ya no había cuatro niños en edad escolar, el mínimo exigido para seguir abierta. Durante su visita oficial, en octubre de 2001, Don Felipe había expresado su preocupación por el descenso del alumnado.

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Tres años después, la 'escuelina' de Paredes -un bonito edificio de la etapa de Primo de Rivera- es un consultorio médico, una sede vecinal y un sitio donde los lugareños se abren al mundo, gracias a la conexión de Internet vía satélite. No hay niños pero, al menos, el edificio presta un servicio al pueblo.

El consejero de Educación y Ciencia, José Luis Iglesias Riopedre, anunciaba el pasado lunes que en los últimos ocho años la escuela rural ha perdido la mitad del alumnado, 3.856 escolares. Todo un reflejo de la sangría de población en los pueblos de las alas de la región y muy especialmente en los concejos del interior del Occidente asturiano, ajenos a toda revolución de las infraestructuras.

No hay cifras oficiales de cuántas escuelas se están viniendo abajo en las montañas de Asturias, llenas de caseríos fantasma. Norberto Martín, director del Centro Rural Agrupado Juan Avello, de Valdés, y miembro del Seminario Permanente de Escuela Rural del Noroccidente, ha contado hasta 87 en los concejos de Valdés, Salas, Navia, Boal, Illano, Villayón, Tineo, Cangas del Narcea, Allande, Grandas de Salime, Ibias, Castropol y Vegadeo. Cree que «sólo representan el 30% de los centros clausurados en esta zona».

Por lo general, en la rasa costera 'les escuelines' han sido reutilizadas como viviendas, locales de asociaciones de vecinos, ambulatorios o telecentros. Pero en el interior, donde se accede por carreteras estrechas y serpenteantes, «la situación más común es el completo abandono».

En Merou (Boal) saben mucho de eso. Donato Celaya era muy joven cuando se abrió la escuela, «allá por el año 47 ó 48». Donato y sus vecinos la construyeron con sus propias manos. El pueblo cedió el prau y acarreó la piedra. El dinero llegó de una sociedad benefactora de Cuba. «Casi todos los colegios de Boal fueron hechos con la ayuda de los vecinos y se clausuraron en 1982, cuando se decidió la concentración escolar», recuerda.

La escuela de Merou es la viva imagen del olvido en el que han caído las viejas aulas de pueblo. Si no fuese por los pupitres de madera que se adivinan a través de las polvorientas ventanas, nadie diría que allí estudiaron cientos de niños. Cándido López es uno de los antiguos alumnos. Aprendió a leer en Merou ya de adulto, en horario nocturno. Cuenta que en el pueblo sólo quedan dos guajes y que estudian en el único colegio que queda en el concejo. Los jóvenes se han ido.

Él lleva toda la vida a la vera del río Navia, contemplando la estampa de Villayón desde la margen izquierda del río. No tiene coche. Estuvo un par de veces en Gijón . «Lo que más me gustó fue la Universidad Laboral ¿Quedan todavía alumnos?», pregunta con interés.

La familia de 'Wadi', empresario del turismo de aventura, ha encontrado un medio de vida en el concejo que vio nacer a Cándido, Boal, en donde a la gente se le llena la boca cuando pronuncia la expresión «matrimonios jóvenes». Se espera que éstos traigan hijos -cuantos más, mejor- y que mantengan abiertas las escuelas, que hagan revivir los pueblos.

El hijo de 'Wadi', Iván Menéndez, de 20 años, es uno de los jóvenes de Boal que intentan remontar la situación del Occidente asturiano. La familia se trasladó desde Pravia hace ahora once años, con el sueño de hacer de su afición -el remo- un trabajo. Y se instalaron en la abandonada escuela de Serandinas, tras darse cuenta de que los aficionados al deporte de aventura reclamaban alojamiento. Detectaron un 'nicho' de negocio.

Un negocio próspero

Por aquel entonces nadie apostaba por Boal y aún hoy hay pocas empresas vinculadas al turismo. Sin embargo, el albergue de Serandinas es todo un éxito: «Por el verano, trabajamos aquí hasta 20 personas», apunta el joven. Enseñan piragüismo, escalada, rafting... Y tienen la escuela llena de turistas. Lo malo es que Iván se está quedando sin pandilla: «Mis amigos están todos en Oviedo, estudiando. La mayoría se va porque no hay empresas que los contraten», apostilla.

También los vecinos de Besullo se resisten a que desaparezca el pueblo. Besullo está ubicado en el extremo occidental del concejo de Cangas del Narcea, el más castigado por la caída de población escolar. La escuela cerró sus puertas hace dos años, al contar sólo con dos alumnos. Desde entonces, el pueblo la utiliza para celebrar sus juntas vecinales.

El alcalde de la parroquia, Juan Arbas, reconoce con cierta resignación que el cierre del colegio fue un «mazazo» para todos. Los dos niños que se quedaron sin aula recorren diariamente en trayecto de ida y vuelta los 34 kilómetros que los separan de Cangas.

En Besullo viven en la actualidad un centenar de vecinos. Como la mayoría de los pueblos de la comarca, cuanta con una población envejecida donde los fallecimientos multiplican por diez el número de nacimientos. En los dos últimos años, han muerto unas quince personas y no ha nacido ni un solo niño. Siempre fue un pueblo grande, cabecera de una amplia parroquia integrada por pueblos de los concejos de Cangas del Narcea y Allande.

A principios del siglo XX, Besullo contaba con una población escolar de más de cien niños. Había dos escuelas públicas, de niños y niñas, y hasta un colegio de la comunidad protestante, que estaba ubicado en la sala de casa Xuacón. En las primeras décadas del siglo salieron de sus aulas una treintena de maestros y licenciados, entre ellos, el dramaturgo Alejandro Casona.

Paredes, Merou, Serandinas y Besullo son sólo cuatro ejemplos de la silenciosa reconversión de 'les escuelines'. Para algunas, han existido alternativas. Otras sólo son una huella del abandono, una página de un libro de historia.

El Comercio Digital
Domingo, 3 de abril de 2005

Por: Ferrera | Noticias locales | Comentarios (0) | Referencias (0)

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