Domingo, 06 de febrero de 2005
* La mayoría de los jóvenes asturianos que se incorporan a la actividad ganadera se hacen cargo de las explotaciones familiares La falta de ayudas es el principal inconveniente para abrir su propia empresa
M.F./J.G.C./F.A. 06/02/2005
Ellos sí dieron el paso. Los jóvenes huyen del campo y de las tareas ligadas al medio rural. Sin embargo, cada año un grupo opta, en la mayoría de los casos, por seguir la tradición familiar y mantener las explotaciones ganaderas, ampliándolas y modernizándolas.
Invertir para producir más y trabajar menos
Luis Alberto Anchón es casi una especie en extinción. Se encuentra entre los pocos jóvenes que se ganan la vida con la cría y explotación de ganado. Hace unos años que dejó sus estudios de cocina para tomar el relevo en la ganadería que regentaban sus padres, Benilde Suárez y Antonio Anchón, aprovechando la jubilación de su madre. "Cuando estábamos con los trámites de solicitud se me quitaron las ganas porque nos tuvieron dos años esperando". Tampoco está de acuerdo con que las ayudas sean para la minería pero no para el ganado" . A pesar de todo, reconoce que "da para vivir". Casado con Rosana Castaño, comercial, dispone de una cuadra en el pueblo de Picún, en la parroquia de Cenero, de 40 vacas, de las que 27 son para producción de leche y el resto para cría.
No le importa que sus amigos le miren como un bicho raro porque hasta ellos le sacan partido a eso de tener una cuadra a mano: "hacemos hasta de guías turísticos con gente que traen". Entre otras cuestiones, los que no se dedican a esto creen que "los ganaderos somos como hace 50 años y que todavía vamos en carro". Nada más lejos de la realidad. Anchón y cinco socios más disponen de maquinaria moderna y demuestra estar puesto en los últimos avances porque devora revistas especializadas. Benilde, lo justifica hay "que saber de muchas cosas para que la empresa funcione", a lo que su marido añade "ahora hay que invertir para trabajar menos y mejor".
Anchón ya está pensando en su futuro. "Con un socio vamos a ampliar la explotación, así nos podemos repartir el trabajo y organizarnos para tener descansos". Aunque parezca extraño estas palabras no están en el diccionario de los tradicionales ganaderos que le lanzan una mirada incrédula.
Cabras y quesos pero sin acceso a Internet
Cuando terminó el bachiller y tras su paso por una escuela taller y un intento de preparación de oposiciones a guarda forestal, Manuel Gutiérrez probó suerte en trabajos ligados a la construcción. Como aquello no le satisfacía regresó a casa y se dio de alta como ganadero. "Continúo con la actividad familiar y hacemos otro queso mas. Estamos intentando modernizar las instalaciones", explica este joven de 24 años que vive con sus padres en Buelles, donde regenta una ganadería de cabras y una quesería.
Manuel reconoce que el trabajo "es duro, pero tiene otras ventajas". Este ganadero que no duda en invitar a otros jóvenes a seguir sus pasos "si están dispuestos a luchar".
Manuel y su padre Jesús atienden una ganadería compuesta por más de 120 cabras y que procesa al año unos 4.000 kilos de leche de caprino y otros tantos de leche de vaca. Bajo la marca la Chivita producen dos tipos de queso artesano: uno de cabra y otro compuesto por mezcla de vaca y cabra. Atender los animales y hacer el queso exigen trabajo. "Pero ya lo tengo asumido", reconoce Manuel, quien como todos los hombres del medio rural, no tiene horarios: "siempre hay algo que hacer".
Su trabajo le gusta, pero no duda que la incorporación no es sencilla. "Lo de las ayudas a la primera instalación es relativo. Sólo son un empujón para los que continúan con la explotación familiar". En su caso, y después de fijar en unos 300.000 euros la inversión mínima, reconoce que la clave fue la existencia de la ganadería de sus padres. Según Manuel sin ese antecedente " ni me lo hubiera planteado".
Manuel se dedica al queso artesano y precisamente pide al consumidor que se conciencie "de lo que cuesta sacar adelante un producto de calidad, algo que no garantizan las multinacionales".
Aunque se siente feliz de ser su propio jefe y de vivir en el campo, Manuel Gutiérrez reconoce que en el medio rural los ganaderos del siglo XXI sufren el problemas del acceso a las nuevas tecnologías. En su pueblo no tienen Internet. "Telefónica lleva diez años diciendo que va a poner una superantena y luego es mentira". Por si fuera poco, los productores de queso que compran leche tendrán que hacer cada dos días una declaración por Internet, exigida por el Ministerio de Agricultura. Cómo? Manuel no ve una solución cercana.
La precocidad y el esfuerzo de un adolescente
"Mucha gente me dice que estoy loco, pero a mí la ganadería siempre me gustó y tiene futuro. Siempre va a estar ahí", explica el joven gozoniego Rubén Antonio Alonso Losas, quien a sus 16 años tiene claro ya su porvenir y no duda en seguir los pasos de su familia.
Alonso, que vive con sus padres en una finca situada en la localidad de Viodo, cerca del Faro de Peñas y a unos 4 kilómetros de la conocida ganadería de Badiola, sabe desde niño lo que es la actividad ganadera. "Tengo fotos de cuando tenía tan sólo cuatro años, en las que ya estaba junto a mi padre ayudándole con las vacas", añade.
Su intención, tras terminar los estudios de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) es realizar el bachiller y a continuación un ciclo de grado superior del sector agrario. Paralelamente a sus estudios, ayuda a su padre Manuel Antonio y a su madre María del Carmen en las labores de la casería. Su hermana Diana, de 13 años "pasa de las vacas".
En la actualidad, la familia tiene una explotación ganadera compuesta por 75 cabezas de ganado, 30 de las cuales están dedicadas a la producción láctea; 5 roxas para carne y el resto para la recría.
Pero Antonio Alonso ya le ha pedido a su padre una nueva nave para mejorar la explotación. "También tendremos que comprar cuota de leche", señala, haciendo planes para llegar a una producción que estima en medio millón de litros de leche anuales, como objetivo para mantener la rentabilidad.
En cualquier caso, este joven tiene ya claras sus ideas y apuesta por desarrollar su vida en el ámbito rural, un medio que conoce desde pequeño y por el que mantiene viva la "ilusión", a pesar de las ataduras de esta actividad, no sujeta a horarios, pero por la que siente una indeclinable vocación.
LVA#
06/02/2005
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